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Nikola Tesla soñó un futuro donde la corriente alterna y la transmisión inalámbrica de energía conectaran el planeta con luz y comunicación global. Nació el 10 de julio de 1856 en Smiljan, en una región del Imperio austrohúngaro, y desde pequeño mostró memoria fotográfica e imaginación técnica. Tras estudiar ingeniería, trabajó como inventor en Europa antes de emigrar a Estados Unidos. Allí colaboró brevemente con Thomas Edison, pero pronto surgió un choque entre la rígida corriente continua de Edison y la flexible corriente alterna que Tesla defendía como solución superior para transportar energía a largas distancias.
Tesla desarrolló el motor de inducción y sistemas polifásicos de corriente alterna, que junto a George Westinghouse se implementaron en la central hidroeléctrica de las Cataratas del Niágara, inaugurada en 1896, demostrando la viabilidad de la distribución eléctrica a gran escala. La llamada “guerra de las corrientes” terminó consagrando el sistema de corriente alterna, base de la electrificación moderna. Tesla inventó también la bobina que lleva su nombre, capaz de producir altos voltajes y espectaculares descargas, utilizada para experimentos de radio, iluminación y transmisión inalámbrica.
Obsesionado con la idea de enviar energía y señales sin cables, concibió la torre Wardenclyffe, un proyecto de comunicación y energía global que nunca se completó por falta de financiación. A pesar de sus brillantes contribuciones, Tesla vivió los últimos años en hoteles de Nueva York, dedicado a nuevos proyectos y rodeado de una aureola de excentricidad. Murió el 7 de enero de 1943. Hoy es celebrado como un visionario que adelantó conceptos de radio, telecomunicaciones y redes eléctricas modernas, y su nombre se ha convertido en símbolo de innovación audaz y de lucha por ideas disruptivas frente a intereses establecidos.